Él apareció un día cualquiera para hacerla reír. Reír como hace mucho no reía. Reír de una manera especial. Y sabemos que es especial porque nos quedamos recordando aquella risa muchos minutos después. Dos, tres palabras alcanzaron para que ella se llenase de ilusiones aquella alma que tan vacía y poco regada de amor estaba. No era el estereotipo de hombre que ella miraría caminando por la calle, no. Pero tenía una mirada...de aquellas miradas dulces que penetran hasta el fondo y te hacen sonrojar las mejillas cual adolescente inexperta.
Se miraron. Ella amaba cuando el la miraba fijamente al hablar. No podría describir siquiera el momento en el que comenzó a darse cuenta que su estomago se anudaba cada vez que éste le hablaba y que aquella sensación le producía una explosión instantánea de emociones.
Desde esos días y hasta entonces, no dejó de pensarlo ni un solo segundo. No le importaba cómo, ni cuando, quería verlo. Quería saber más de él. Quería seguir compartiendo sus tardes, sus noches, con aquella mirada penetrablemente dulce que había encontrado, casi mágicamente. Porque quizás nunca hubiera posado los ojos en él si éste no la hubiera echo sonreír de la manera en que lo hizo.
Pasaba las horas imaginando un mundo ideal en el que él y ella caminaban juntos por el parque, mirándose a los ojos, tomados de la mano siendo observados por todo el mundo externo que admiraba aquella magia que habían conseguido. Estaba floreciendo algo y nadie sabía en donde iba a terminar aquella flor. Quizás se marchita rápido, quizás es regada y llenada de vida. Quizás...solo quiera que la besen.
Un alma que busca expresarse.
martes, 29 de diciembre de 2015
jueves, 26 de noviembre de 2015
Ya van más de cien años de soledad
La infinita sensación de soledad que se apodera de mi alma cuando el atardecer comienza a apoderarse de todo el cielo azul. El sol se esconde, la luna aparece, y a mi lado sigue sin haber nadie. Nadie cuando me acuesto, nadie cuando me levanto. Es como si la vida fuera una película y yo soy un extra, que pasa detrás del decorado. Observando, mirando, pero no habla, no es parte, no tiene un objetivo en esta vida. Así me siento cada vez que veo florecer el amor en las callecitas de Buenos Aires, cuando noto que éste acompaña la vida de todos menos la mía. Cuando me siento en el banco de una plaza, prendo un cigarrillo y al lado mío no se sienta nadie para darme besos. Entonces observo, mientras el cigarrillo se consume, observo a las parejas enamoradas que entre beso y beso largar una sonrisa con un destello especial, una luz encandiladora. No sé qué es, no sé que se siente tener esa luz. No sé que es amar y ser amada, de igual a igual. Ni más, ni menos, igual. Cuando intento volver de esa imagen me doy cuenta que mi cigarrillo se consumió, que estoy sola, que es de noche, que me siento triste, y entonces soy yo con mi cuaderno. Me pregunto cuando será el día en que la suerte me toque a mi también, en el que por fin en mi vida florezca esa flor que todos llaman amor. Me pregunto cuando será el día en el que, al despertar, me sienta un poco menos sola. Me lo pregunto retoricamente, en realidad no quiero saberlo.
martes, 6 de octubre de 2015
La vida es el Teatro
Siento que me estoy ahogando. Cada día que pasa me veo más lejos del arte y más cerca de todo lo que veo en otras personas y no quiero ser. Buscando no sé que cosa para tener no sé que futuro porque no sé quién lo escribió así. Necesito del Teatro. Toda mi vida estuve cerca, toda mi vida me rodee de ese mundo tan encantador y libre del que amo rodearme y del que siento que soy parte y este año que estuve lejos, no solo reafirme lo muy importante que es en mi vida si no también, que es toda mi esencia. Porque me hace ser quién soy y quién quiero ser. No existe vida lejos del Teatro. No existe para mi. No me llena eso que le llena a todo el mundo: una vida normal, un trabajo normal, salir con tus amigas, volver a tu casa. Yo necesito más, mucho más. Yo necesito un espacio en el cual expresarme, donde sentirme libre, donde ser feliz. Yo necesito redescubrirme todo el tiempo, porque entendí que es la única manera de sentirme bien conmigo misma. Yo necesito sentir que corre sangre por mis venas, que estoy viva, que respiro, que por algo estoy en este mundo. Yo necesito sentir que me elevo, que vuelvo sobre todas aquellas cabezas que viven como raíces aferradas a la tierra. Yo no. A mí me gusta el cielo, a mí me gusta esa sensación de volar sobre todos. Esa sensación de elevación. Ese corazón palpitando a dos mil por horas. A mí me gusta esa adrenalina que explota dentro tuyo en la primer palabra que decís. A mí me gusta la incertidumbre de no saber. A mí me gusta sentirme en mi estanque, y no un pez fuera del agua. A mí me gusta ser. Ser en mi totalidad. Descubrir un millón de otros yo que viven dentro mío y que están ahí latente, esperando salir y tener su oportunidad. A mí me gusta el Teatro y me gusta esa manera de vivir. Porque esa manera es la que elegí, porque esa es la única manera que conozco y porque esa es la única manera que quiero para mi.
domingo, 13 de septiembre de 2015
último, y esta vez en enserio.
Ésta es la última vez que te escribo, o más bien que escribo sobre vos. No sé si por un bien, o por casualidad, alguien tuvo el valor de hacer lo que hace mucho tiempo yo tendría que haber echo. Si fuiste vos, aunque no entienda por qué, me liberaste. Hoy duele. Más bien duele el no entender. Pero a la vez cortaron con todo este "sufrimiento adicional" al que me había acostumbrado desde hace rato y al que me había encadenado yo misma, sintiendome así un poco menos sola. Hoy entendí que la soledad no es algo malo si se aprende a convivir con ella, o más bien si se saca propósito de ella. En realidad todavía no lo aprendí, es muy reciente como para aprender algo. Pero eso dicen los autores que leo y las canciones que escucho, y les creo.
Supongo que no saber más de vos va a ser un poco aliviador dado a que lo que me venía enterando simplemente colaboraba un poco más a mi "no soltar" y a mi cabeza un poco retorcida.
Supongo que no todo tiene un final y que los finales abiertos no significan que alguna vez vayan a cerrarse. Quizás nunca se cierren. Y no me pregunten por qué, por que supongo que no todo lo tiene. Simplemente no se cierran y ya. Aunque a mi me cuesta conformarme con esa respuesta, porque siempre necesito tener el control de todo, y saber todo, y que todo cuadre perfectamente en la historia que cree. Pero me adapto, o me obligan a adaptarme. Y en parte lo entiendo, es un poco enfermizo que yo siga con este juego, que no me hace bien y que aburre, cansa, y hasta aleja a las personas que me rodean. Un juego que asfixia, que no me libera en mi totalidad, y que me prohíbe escribir nuevas historias. Y ya saben que yo no puedo estar sin escribir.
No es un cambio que afecte a mi vida cotidiana pero si a mi cabeza y su forma entender el mundo. Pero está bien, lo acepto. Acepto que me ganaron esta jugada. No sé a quién agradecerle o a quién reprocharle. No sé si existe ese alguien en realidad, o es una jugada maestra de un destino siniestro (o esperanzador). Cómo sea, perdí la partida. O tal vez, a la larga, la haya ganado. Nunca se sabe bien. Es imposible predecir algo en mi vida. Me siento libre, supongo. Sin entender mucho pero libre así. Porque todos nos merecemos encontrar un sol que aleje las malas tormentas. Porque ya no tenía de qué nutrirme, no había crecimiento si seguía allí. Debo estar anunciando un nuevo por venir, por fin. Creo que ahora sí no me queda más remedio que salir a vivir, aquí y ahora. No existe ni existió. Ni vos ni yo. Menos vos que yo.
Hay que dejar pasar lo que se viene, y dejar ir lo que se va.
Supongo que no saber más de vos va a ser un poco aliviador dado a que lo que me venía enterando simplemente colaboraba un poco más a mi "no soltar" y a mi cabeza un poco retorcida.
Supongo que no todo tiene un final y que los finales abiertos no significan que alguna vez vayan a cerrarse. Quizás nunca se cierren. Y no me pregunten por qué, por que supongo que no todo lo tiene. Simplemente no se cierran y ya. Aunque a mi me cuesta conformarme con esa respuesta, porque siempre necesito tener el control de todo, y saber todo, y que todo cuadre perfectamente en la historia que cree. Pero me adapto, o me obligan a adaptarme. Y en parte lo entiendo, es un poco enfermizo que yo siga con este juego, que no me hace bien y que aburre, cansa, y hasta aleja a las personas que me rodean. Un juego que asfixia, que no me libera en mi totalidad, y que me prohíbe escribir nuevas historias. Y ya saben que yo no puedo estar sin escribir.
No es un cambio que afecte a mi vida cotidiana pero si a mi cabeza y su forma entender el mundo. Pero está bien, lo acepto. Acepto que me ganaron esta jugada. No sé a quién agradecerle o a quién reprocharle. No sé si existe ese alguien en realidad, o es una jugada maestra de un destino siniestro (o esperanzador). Cómo sea, perdí la partida. O tal vez, a la larga, la haya ganado. Nunca se sabe bien. Es imposible predecir algo en mi vida. Me siento libre, supongo. Sin entender mucho pero libre así. Porque todos nos merecemos encontrar un sol que aleje las malas tormentas. Porque ya no tenía de qué nutrirme, no había crecimiento si seguía allí. Debo estar anunciando un nuevo por venir, por fin. Creo que ahora sí no me queda más remedio que salir a vivir, aquí y ahora. No existe ni existió. Ni vos ni yo. Menos vos que yo.
Hay que dejar pasar lo que se viene, y dejar ir lo que se va.
Final casi inexistente. Abrupto. Como tu huida. Como lo nuestro. Como lo mío, en realidad.
Esto no está bien. Qué está pasando, no entiendo. Por favor que alguien venga a explicarme o llamen a una ambulancia antes de que empiece a dejar de respirar. ¿Es real lo que mis ojos están viendo?
¿Me eliminó? ¿por qué? ¿cómo? ¿cúando? ¿dónde? ¿qué?
No entiendo, de verdad fue un shock que no estaba preparada para afrontar.
Se me hacía costumbre entrar religiosamente todos los días, o casi todos porque a veces tenía miedo de que por alguna mala jugada del destino (y yo soy de esas que las tienen bastante seguido) te enteraras de mi obsesión por entrar a tu perfil y reducí la cantidad de veces.
O él me eliminó. O alguien lo eliminó por mí. O alguien me eliminó por él. De ser así, la primera y última opción, ¿PORQUÉ? y de ser la segunda, tampoco entiendo. Justifico un poco más si, pero no, tampoco.
¿Qué es lo que está pasando? que alguien me explique porque estoy a punto de largarme a llorar. Estoy sintiendo que se va lo último, que me sacan lo último que me quedaba: saber de él. Estoy sintiendo que este es el final, que por fin llegó. Que ya no existe ese "quiero saber como está" porque no voy a poder más saberlo. Porque ya no voy a poder verlo, ni leerlo, ni saber de su existiencia. Ni él de la mía aunque seguramente durante todos estos años jamás se acordó. Entonces ¿por qué? si yo no lo perjudicaba en nada.
Me desespera la situación de no poder tener el control sobre esto. Justo yo, que necesito tener el control sobre todo lo que hacen y piensen las personas y más con respecto a mí.
Digo, si fue él, ¿por qué? se que no paro de preguntarlo pero es por qué no me sale otra cosa más que preguntarmelo, llorar, temblar y volver a preguntarlo. ¿Porque ahora? ¿por qué a mí? ¿con que finalidad? acá hay algo que no me cierra, que me da escalofríos, que va más allá de todo y de todos, que sobrepasa los límites de mi cabeza y mi razonamiento. ¿Así de un día para el otro? de repente me encuentro con esto? tiemblo mientras tengo ganas de hundirme en una crisis de llanto indefinido. Está bien, destino, ganaste. Ya no me queda nada de lo que fue. No puedo siquiera saber de su vida, o saberlo feliz. Mágicamente, quedé eliminada de su vida. Y nunca voy a saber de quién fue la obra maestra. Y nunca voy a tener el valor suficiente para volver a aparecer. Y nunca nada, todo termina en nada y este parece ser el final de ese todo. Entonces no tengo más que decir, simplemente me quedo con ésta sensación que es la de no saber, la de no entender. Básicamente la sensación que tuve todos estos años con respecto a vos y a mí, y a esto que nunca existió y aparentemente(y obviamente) nunca va a existir. Solo en mi cabeza, donde fue real, y en donde esta noche va a haber un asesinato masivo de recuerdos que excluyan tu nombre y mi sonrisa, tus manos y las mías, mi amor y tu no saber de mí.
¿Me eliminó? ¿por qué? ¿cómo? ¿cúando? ¿dónde? ¿qué?
No entiendo, de verdad fue un shock que no estaba preparada para afrontar.
Se me hacía costumbre entrar religiosamente todos los días, o casi todos porque a veces tenía miedo de que por alguna mala jugada del destino (y yo soy de esas que las tienen bastante seguido) te enteraras de mi obsesión por entrar a tu perfil y reducí la cantidad de veces.
O él me eliminó. O alguien lo eliminó por mí. O alguien me eliminó por él. De ser así, la primera y última opción, ¿PORQUÉ? y de ser la segunda, tampoco entiendo. Justifico un poco más si, pero no, tampoco.
¿Qué es lo que está pasando? que alguien me explique porque estoy a punto de largarme a llorar. Estoy sintiendo que se va lo último, que me sacan lo último que me quedaba: saber de él. Estoy sintiendo que este es el final, que por fin llegó. Que ya no existe ese "quiero saber como está" porque no voy a poder más saberlo. Porque ya no voy a poder verlo, ni leerlo, ni saber de su existiencia. Ni él de la mía aunque seguramente durante todos estos años jamás se acordó. Entonces ¿por qué? si yo no lo perjudicaba en nada.
Me desespera la situación de no poder tener el control sobre esto. Justo yo, que necesito tener el control sobre todo lo que hacen y piensen las personas y más con respecto a mí.
Digo, si fue él, ¿por qué? se que no paro de preguntarlo pero es por qué no me sale otra cosa más que preguntarmelo, llorar, temblar y volver a preguntarlo. ¿Porque ahora? ¿por qué a mí? ¿con que finalidad? acá hay algo que no me cierra, que me da escalofríos, que va más allá de todo y de todos, que sobrepasa los límites de mi cabeza y mi razonamiento. ¿Así de un día para el otro? de repente me encuentro con esto? tiemblo mientras tengo ganas de hundirme en una crisis de llanto indefinido. Está bien, destino, ganaste. Ya no me queda nada de lo que fue. No puedo siquiera saber de su vida, o saberlo feliz. Mágicamente, quedé eliminada de su vida. Y nunca voy a saber de quién fue la obra maestra. Y nunca voy a tener el valor suficiente para volver a aparecer. Y nunca nada, todo termina en nada y este parece ser el final de ese todo. Entonces no tengo más que decir, simplemente me quedo con ésta sensación que es la de no saber, la de no entender. Básicamente la sensación que tuve todos estos años con respecto a vos y a mí, y a esto que nunca existió y aparentemente(y obviamente) nunca va a existir. Solo en mi cabeza, donde fue real, y en donde esta noche va a haber un asesinato masivo de recuerdos que excluyan tu nombre y mi sonrisa, tus manos y las mías, mi amor y tu no saber de mí.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Hace mil cien días.
No sé si está muerto. No sé si murió alguna vez. No sé si está vivo, dormido o qué. No sé si seguirá existiendo o si alguna vez existió. Sé que intento callarlo. Sé que intento olvidarlo. Y seguir como si nada, porque no tengo más opción. Seguir, arrepintiéndome día a día de lo cobarde que fui al no jugarmela por el amor de mi vida hasta entonces Y quedarme ahí, sentada, mirando como se iba. Mirando como se alejaba y se despedía y yo sin hacer nada. Rompiendo en llantos una vez que lo ví doblar en la esquina y su sobra desapareció.
Hoy nos mantienen lejos muchos factores. Pero hay uno mucho más importante que cualquier otro: Una vida. Una vida se interpone entre nuestro reencuentro. (Reencuentro que yo creo en mi cabeza una y otra vez, como una escena en blanco y negro y en cámara lenta). Una vida que no nos une, si no al contrario, lo une con alguien más.
Sin embargo yo sigo buscando, queriendo, pretendiendo, olvidarlo en otros labios. En otras pieles que ni siquiera conozco, ni me hacen sentir querida, o amada, o especial, o todo eso junto como me lo hacía sentir la suya. Sin embargo yo sigo alimentándome de historias baratas para no querer afrontar el verdadero desafío que es, por fin y de una vez por todas, aceptar la realidad de estar lejos y separados. De no haber sido nada, pero haber sido todo. Nada para todos, y todo para mí.
Debería soltar, dejar de arrastrar, pero yo no controlo los sueños al dormir. Ni las emociones al leer. Ni mi corazón al escuchar canciónes que cuenten historias de amor. "Hace mil cien días que decías: Te devuelvo la sonrisa, juro no la robo más" y si con eso no resumo toda nuestra historia, entonces donde está la sonrisa (auténtica y no fingida. Rosada, radiante e inmenza) que solía tener con su presencia y que desapareció aquel Cuatro de Diciembre cuando al doblar en la esquina, su alma me la robó.
Hoy nos mantienen lejos muchos factores. Pero hay uno mucho más importante que cualquier otro: Una vida. Una vida se interpone entre nuestro reencuentro. (Reencuentro que yo creo en mi cabeza una y otra vez, como una escena en blanco y negro y en cámara lenta). Una vida que no nos une, si no al contrario, lo une con alguien más.
Sin embargo yo sigo buscando, queriendo, pretendiendo, olvidarlo en otros labios. En otras pieles que ni siquiera conozco, ni me hacen sentir querida, o amada, o especial, o todo eso junto como me lo hacía sentir la suya. Sin embargo yo sigo alimentándome de historias baratas para no querer afrontar el verdadero desafío que es, por fin y de una vez por todas, aceptar la realidad de estar lejos y separados. De no haber sido nada, pero haber sido todo. Nada para todos, y todo para mí.
Debería soltar, dejar de arrastrar, pero yo no controlo los sueños al dormir. Ni las emociones al leer. Ni mi corazón al escuchar canciónes que cuenten historias de amor. "Hace mil cien días que decías: Te devuelvo la sonrisa, juro no la robo más" y si con eso no resumo toda nuestra historia, entonces donde está la sonrisa (auténtica y no fingida. Rosada, radiante e inmenza) que solía tener con su presencia y que desapareció aquel Cuatro de Diciembre cuando al doblar en la esquina, su alma me la robó.
martes, 18 de agosto de 2015
"Necesito tener garantías de que en algún momento voy a ser feliz con continuidad"
Soy consciente de que sufro algo así como "depresión temporal". Mi vida se basa en picos, como si fuera una montaña. O estoy bien, o estoy mal. O estoy triste, o estoy feliz. No conozco el gris, no conozco el medio. Puedo ser la persona más feliz, completa, consciente, y positiva durante días, meses incluso y después, caigo en la nada misma. En un agujero emocional, espiritual, negro y vacío del que no puedo salir. Que me absorbe las ganas de ser, de estar, de respirar.
Pasas de tener ganas de cambiar al mundo a no tener ganas ni de levantarte de tu propia cama.
Hace dos semanas que no salgo de mi casa. Dos. Antes de esta dos semanas era una persona completamente diferente. Trabajaba, cada día veía a algún amigo distinto, salía a bailar, me enredaba en los brazos de alguien que me haga sentir viva durante la noche y al día siguiente volvía a levantarme con energías de ser quién yo quería ser. Sentía que, por fin, la vida se estaba abriendo ante mi. Que el universo por fin había escuchado mis plegarias, que por fin me llegaría todo lo positivo que había irradiado. Y sí, así fue. Pero esta sensación de plenitud y bienestar solo duró, aproximadamente, un mes. No voy a negar que me hubiese gustado sentirme así de bien por el resto de mi vida. Pero luego de eso, vino la nada misma. Un día me desperté y ya no tenía nada: ni trabajo, ni amigos, ni ganas de existir. Simplemente me dejé ser comida por la vida. Me digne a levantarme a las tres de la tarde, quedarme en pijama todo el día mirando alguna serie, bañarme, ponerme otro pijama y dormir. Y lo peor de todo, volví a matarme de la única forma en la que me duele morir. Amí no me duele fumarme un porro, una caja de cigarrillos o pastillas. Me duele comer. Y comí, comí a atracones durante dos semanas. Todo lo que podía, a cada hora. Sentía como si mi estomago fuera un tazón sin fondos. Y con cada bocado en mi cabeza existía la satisfacción de que estaba matándome, de que esa era mi forma de dañarme, de castigarme. Si, esa era la forma porque después de todo el esfuerzo durante ese mágico mes feliz por verme bien y estar camino a ser la mujer que siempre quise, comer era destruir todo el camino construido. Y lo estaba logrando. Y sí, después de casi siete meses me compré una caja de cigarrillos y me la fumé toda en una noche. Tomé más alcohol de lo que mi cuerpo aguanta pero este solo multiplico el sentimiento que en ese momento dominaba mi cuerpo: la violencia.
Así es mi vida, poco inestable. Casi nada, diría yo. Sufro de vacíos existenciales constantes, de felicidades engañosas, de dolor por mi propio abandono. Por saberme capaz de dañarme, por no poder hacer nada porque simplemente no me importa. No tengo el valor de salir ahí afuera, enfrentar otra vez la vida, rearmarme...¿para qué? ya lo hice y acá estoy, en el fondo del pozo de nuevo. Justo cuando pensaba que estaba llegando a la superficie, justo cuando había logrado ver la luz..
Yo soy el pozo. Me atrapo en mi misma y cuando veo que todo marcha sobre ruedas, inconscientemente (o consciente) lo destruyo. Genero en mi organismo un "no se qué" que detecta los momentos en los que bajo la guardia, cuando mi estabilidad emocional está vulnerable, para atacarme con mas fuerzas y absorberme toda la energía. Sinceramente, no sé cuantas veces más podré levantarme. Se me está agotando la fuerza de lidiar sola con todo esto. Porque no puedo hablar con nadie, no puedo expresarme. Por dentro tengo mi voces que gritan que por favor, me escuchen, que tengo algo para decir, que no entiendo qué es lo que me pasa ni como sobrellevarlo, que necesito terapia. Pero por fuera no puedo abrir la boca, simplemente me quedo mirándolos, observándolos, pensando como pueden ser tan idiotas de vivir tan desconectados de alguien que "según ellos" aman. Yo me doy cuenta del dolor de las personas, me basta con mirar a los ojos y abrir un poco mi cabeza, ¿por qué ellos no pueden darse cuenta del mío?. Soy un muro. Simplemente me tomo el tiempo de alejarme de todos y de cada uno. No es nada personal, no deberían tomarlo así. Pero si no pueden ayudarme, si no saben sacarme del estado vegetal en el que estoy, prefiero alejarme y salvarme sola. Como siempre desde que tengo uso de razón. Ir alejándome despacio y en silencio, sin que nadie se de cuenta. Poco a poco hasta despertar y no tener a nadie, y no poder hablar, y estar completamente hundida en mi interior, sola.
Tengo la necesidad de refugiarme en mí, en mi caparazón que es mi cuerpo. Quedarme en silencio mientras todos a mi alrededor hablan y conversar con mi propia cabeza (que necesita un descanso de tanto pensar), necesito tomarme tiempo para volver a confiar. Llorar en la ducha, llorar encerrada en el baño, llorar acostada mientras todos duermen. Llorar tres veces en un día, o más. Llorar hasta sacar toda la angustia que se acumula dentro de mi garganta. Ser una especie de piedra para todos los demás, que vive porque sí porque no le queda otra. Que se levanta a cualquier hora, come cualquier cosa, no estudia, no trabaja, no vive, no es. Sin embargo prefieren asumir que estoy bien, que es porque "soy vaga" o porque soy así. Me miran pero no me ven. No me conocen. No saben lo muerta que me siento por dentro a veces. Soy un ente en esta casa. Soy un ente en este mundo. No estoy ni de un lado, ni del otro. Nadie entiende, nadie puede darse cuenta, pero sola no puedo. Necesito un motivo que me haga sentir que vale la pena volver a comenzar. "Necesito tener garantías de que en algún momento voy a ser feliz con continuidad"
Pasas de tener ganas de cambiar al mundo a no tener ganas ni de levantarte de tu propia cama.
Hace dos semanas que no salgo de mi casa. Dos. Antes de esta dos semanas era una persona completamente diferente. Trabajaba, cada día veía a algún amigo distinto, salía a bailar, me enredaba en los brazos de alguien que me haga sentir viva durante la noche y al día siguiente volvía a levantarme con energías de ser quién yo quería ser. Sentía que, por fin, la vida se estaba abriendo ante mi. Que el universo por fin había escuchado mis plegarias, que por fin me llegaría todo lo positivo que había irradiado. Y sí, así fue. Pero esta sensación de plenitud y bienestar solo duró, aproximadamente, un mes. No voy a negar que me hubiese gustado sentirme así de bien por el resto de mi vida. Pero luego de eso, vino la nada misma. Un día me desperté y ya no tenía nada: ni trabajo, ni amigos, ni ganas de existir. Simplemente me dejé ser comida por la vida. Me digne a levantarme a las tres de la tarde, quedarme en pijama todo el día mirando alguna serie, bañarme, ponerme otro pijama y dormir. Y lo peor de todo, volví a matarme de la única forma en la que me duele morir. Amí no me duele fumarme un porro, una caja de cigarrillos o pastillas. Me duele comer. Y comí, comí a atracones durante dos semanas. Todo lo que podía, a cada hora. Sentía como si mi estomago fuera un tazón sin fondos. Y con cada bocado en mi cabeza existía la satisfacción de que estaba matándome, de que esa era mi forma de dañarme, de castigarme. Si, esa era la forma porque después de todo el esfuerzo durante ese mágico mes feliz por verme bien y estar camino a ser la mujer que siempre quise, comer era destruir todo el camino construido. Y lo estaba logrando. Y sí, después de casi siete meses me compré una caja de cigarrillos y me la fumé toda en una noche. Tomé más alcohol de lo que mi cuerpo aguanta pero este solo multiplico el sentimiento que en ese momento dominaba mi cuerpo: la violencia.
Así es mi vida, poco inestable. Casi nada, diría yo. Sufro de vacíos existenciales constantes, de felicidades engañosas, de dolor por mi propio abandono. Por saberme capaz de dañarme, por no poder hacer nada porque simplemente no me importa. No tengo el valor de salir ahí afuera, enfrentar otra vez la vida, rearmarme...¿para qué? ya lo hice y acá estoy, en el fondo del pozo de nuevo. Justo cuando pensaba que estaba llegando a la superficie, justo cuando había logrado ver la luz..
Yo soy el pozo. Me atrapo en mi misma y cuando veo que todo marcha sobre ruedas, inconscientemente (o consciente) lo destruyo. Genero en mi organismo un "no se qué" que detecta los momentos en los que bajo la guardia, cuando mi estabilidad emocional está vulnerable, para atacarme con mas fuerzas y absorberme toda la energía. Sinceramente, no sé cuantas veces más podré levantarme. Se me está agotando la fuerza de lidiar sola con todo esto. Porque no puedo hablar con nadie, no puedo expresarme. Por dentro tengo mi voces que gritan que por favor, me escuchen, que tengo algo para decir, que no entiendo qué es lo que me pasa ni como sobrellevarlo, que necesito terapia. Pero por fuera no puedo abrir la boca, simplemente me quedo mirándolos, observándolos, pensando como pueden ser tan idiotas de vivir tan desconectados de alguien que "según ellos" aman. Yo me doy cuenta del dolor de las personas, me basta con mirar a los ojos y abrir un poco mi cabeza, ¿por qué ellos no pueden darse cuenta del mío?. Soy un muro. Simplemente me tomo el tiempo de alejarme de todos y de cada uno. No es nada personal, no deberían tomarlo así. Pero si no pueden ayudarme, si no saben sacarme del estado vegetal en el que estoy, prefiero alejarme y salvarme sola. Como siempre desde que tengo uso de razón. Ir alejándome despacio y en silencio, sin que nadie se de cuenta. Poco a poco hasta despertar y no tener a nadie, y no poder hablar, y estar completamente hundida en mi interior, sola.
Tengo la necesidad de refugiarme en mí, en mi caparazón que es mi cuerpo. Quedarme en silencio mientras todos a mi alrededor hablan y conversar con mi propia cabeza (que necesita un descanso de tanto pensar), necesito tomarme tiempo para volver a confiar. Llorar en la ducha, llorar encerrada en el baño, llorar acostada mientras todos duermen. Llorar tres veces en un día, o más. Llorar hasta sacar toda la angustia que se acumula dentro de mi garganta. Ser una especie de piedra para todos los demás, que vive porque sí porque no le queda otra. Que se levanta a cualquier hora, come cualquier cosa, no estudia, no trabaja, no vive, no es. Sin embargo prefieren asumir que estoy bien, que es porque "soy vaga" o porque soy así. Me miran pero no me ven. No me conocen. No saben lo muerta que me siento por dentro a veces. Soy un ente en esta casa. Soy un ente en este mundo. No estoy ni de un lado, ni del otro. Nadie entiende, nadie puede darse cuenta, pero sola no puedo. Necesito un motivo que me haga sentir que vale la pena volver a comenzar. "Necesito tener garantías de que en algún momento voy a ser feliz con continuidad"
martes, 14 de julio de 2015
Soñaba con la idea de volverlo a ver, de volverlo a tocar, a sentir, a tomarle la mano. Soñaba con la idea de que el destino, ese supuesto destino que los había unido, iba a volver a juntarlos. Si la dejaban un rato sola, creía que la vida da mil vueltas pero que siempre termina en el mismo lugar. Y ese lugar era él. No había noche en que ella no quisiera que él esté al lado suyo en la cama, abrazándola, besandola, haciendole el amor, despertandola por las mañanas. Siendo feliz.
Pero la realidad golpeaba a su puerta, más bien le tiraba la puerta abajo. Él iba a formar una familia. Aquel amor de su adolescencia, aquel que le daba la mano y ese era el amor más puro del mundo, aquel que le dijo "no me olvides" en aquella esquina. Aquella promesa que la encadenó para toda la vida a un alma que ya no le pertenece. Que nunca le perteneció. Aquel amor, iba a ser padre. Tenía su familia, su mujer, su vida echa. No exista tal posible unión entre esas dos almas, y aunque doliera, había que aceptarlo.
Sus ojos se llenaban de lagrimas cada vez que veía sus fotos. Se preguntaba como estaba, qué sentía, que le pasaba, cuales eran sus nuevas pasiones, si tenía algun problema, si necesitaba que le saque una sonrísa. Necesitaba saber de él, saber qué es de su vida, que le gusta, que prefiere. Si le gusta el café o el mate, o ninguna de las dos cosas. Necesitaba saberlo cerca, no aguntaba que aquel amor, al que le dedicaba sus cuadernos repletos de poesías, se había convertido en un completo desconocido.
La ley de causa y efecto estaba aplicandose justo sobre mí. Porque "ella" soy yo. Y "el" es el amor de mi vida hasta ahora y desde siempre. Sí, la ley de causa y efecto. El karma. A quién amé pero no supe ver hoy no me ve a mí. Y el volvió y yo lo eche. Y volvió y lo eche. Y hoy vuelvo yo pero ya no está. Está lejos, muy lejos, nos separa un bebé.
No existe posibilidades de reencuentro, de historia de amor, de pasión, de abrazos, de nada. No existió nunca y no va a existir. Mientras yo veo que hacer con mi vida el tiene que salir a trabajar para mantener a su familia. No es un "romance más", no lo va a dejar.
Se lo ve feliz en las fotos. ¿Como lo sé? porque tiene la sonrísa más hermosa del universo. Y yo conozco muy bien esa sonrisa. Era yo quién se las sacaba en un momento. Me dedicó muchas, por suerte, las atesoro todas. Y recuerdo bien cuando su sonrísa es verdadera. Y ahora lo es. Realmente la ama, realmente ama a su familia. No creo que se acuerde de mí, abré pasado a ser un recuerdo gris entre tantos que debe tener en la cabeza. O peor, ni siquiera lo debe tener en la cabeza, me abra borrado de todo archivo mental, de todo recuerdo guardado en el consciente. Y así estamos, separados por un avismo. Atada a la promesa de nunca olvidarlo, siéndole fiel, confiando en que tanto amor no puede desaparecer, en que en algún momento de la vida nos vamos a volver a ver las caras. Sí, yo sigo trabajando para él. Trato de todos los días ser la mejor mujer que puedo ser, para el día en que nos veamos no quiera dejarme más. A veces caigo un par de metros en el pozo que estoy escalando, pero vuelvo a retomar la subida. Quiero ser quién el se merece, y lo pongo como excusa porque él me hace ser mejor. Si no fuera por él, no tendria la fuerza sufriente para intentar ser mejor. Cierro los ojos, me tapo hasta los ojos, me acurruco en la cama y lo pienso. Y deseo, desde el fondo de mi corazón que sea feliz, que tenga la mejor vida que pueda tener, que no pierda nunca esa sonrísa. Pero imagino que está conmigo abrazandome, que se vuelve loco por darme un beso, que me ama, que me quiere, que me busca, que todo. Dos realidades opuestas entre la que vivo y la que me gustaría vivir. Una me incita a ser mejor, la otra me devuelve la paz que tanto necesito para enfrentar la primera. Así vivo, entre el sueño y la realidad. La locura y cordura. La madurez de tener que aceptar que no hay tal reencuentro y el corazón que no para de desear.
Pero la realidad golpeaba a su puerta, más bien le tiraba la puerta abajo. Él iba a formar una familia. Aquel amor de su adolescencia, aquel que le daba la mano y ese era el amor más puro del mundo, aquel que le dijo "no me olvides" en aquella esquina. Aquella promesa que la encadenó para toda la vida a un alma que ya no le pertenece. Que nunca le perteneció. Aquel amor, iba a ser padre. Tenía su familia, su mujer, su vida echa. No exista tal posible unión entre esas dos almas, y aunque doliera, había que aceptarlo.
Sus ojos se llenaban de lagrimas cada vez que veía sus fotos. Se preguntaba como estaba, qué sentía, que le pasaba, cuales eran sus nuevas pasiones, si tenía algun problema, si necesitaba que le saque una sonrísa. Necesitaba saber de él, saber qué es de su vida, que le gusta, que prefiere. Si le gusta el café o el mate, o ninguna de las dos cosas. Necesitaba saberlo cerca, no aguntaba que aquel amor, al que le dedicaba sus cuadernos repletos de poesías, se había convertido en un completo desconocido.
La ley de causa y efecto estaba aplicandose justo sobre mí. Porque "ella" soy yo. Y "el" es el amor de mi vida hasta ahora y desde siempre. Sí, la ley de causa y efecto. El karma. A quién amé pero no supe ver hoy no me ve a mí. Y el volvió y yo lo eche. Y volvió y lo eche. Y hoy vuelvo yo pero ya no está. Está lejos, muy lejos, nos separa un bebé.
No existe posibilidades de reencuentro, de historia de amor, de pasión, de abrazos, de nada. No existió nunca y no va a existir. Mientras yo veo que hacer con mi vida el tiene que salir a trabajar para mantener a su familia. No es un "romance más", no lo va a dejar.
Se lo ve feliz en las fotos. ¿Como lo sé? porque tiene la sonrísa más hermosa del universo. Y yo conozco muy bien esa sonrisa. Era yo quién se las sacaba en un momento. Me dedicó muchas, por suerte, las atesoro todas. Y recuerdo bien cuando su sonrísa es verdadera. Y ahora lo es. Realmente la ama, realmente ama a su familia. No creo que se acuerde de mí, abré pasado a ser un recuerdo gris entre tantos que debe tener en la cabeza. O peor, ni siquiera lo debe tener en la cabeza, me abra borrado de todo archivo mental, de todo recuerdo guardado en el consciente. Y así estamos, separados por un avismo. Atada a la promesa de nunca olvidarlo, siéndole fiel, confiando en que tanto amor no puede desaparecer, en que en algún momento de la vida nos vamos a volver a ver las caras. Sí, yo sigo trabajando para él. Trato de todos los días ser la mejor mujer que puedo ser, para el día en que nos veamos no quiera dejarme más. A veces caigo un par de metros en el pozo que estoy escalando, pero vuelvo a retomar la subida. Quiero ser quién el se merece, y lo pongo como excusa porque él me hace ser mejor. Si no fuera por él, no tendria la fuerza sufriente para intentar ser mejor. Cierro los ojos, me tapo hasta los ojos, me acurruco en la cama y lo pienso. Y deseo, desde el fondo de mi corazón que sea feliz, que tenga la mejor vida que pueda tener, que no pierda nunca esa sonrísa. Pero imagino que está conmigo abrazandome, que se vuelve loco por darme un beso, que me ama, que me quiere, que me busca, que todo. Dos realidades opuestas entre la que vivo y la que me gustaría vivir. Una me incita a ser mejor, la otra me devuelve la paz que tanto necesito para enfrentar la primera. Así vivo, entre el sueño y la realidad. La locura y cordura. La madurez de tener que aceptar que no hay tal reencuentro y el corazón que no para de desear.
Ultimos meses de ausencia.
Añares que no escribo, casi que no me acordaba la contraseña. Quizás, porque no tenía nada que contar. Quizás, porque inconscientemente, tenía mucho que decír. Tanto que no sé por donde empezar.
Desde los comienzos de éste año hasta hace tan solo algunos días nadé en circulos con una corriente que no jugba a mi favor, si no que me llevaba para más adentro de las profundidades del óceano. Y con el viento en contra, mucho no tenía para hacer. Fueron meses de "nada", de la nada misma. Perdí todo lo que tenía, cuando quise darme cuenta estaba vacía. Vacía de verdad. Vacía, en todo sentido de la palabra. Esa palabra tan llena de contenido pero que significa NADA. Solo vacío.
Perdí a mis amigas, perdí mi pasión, perdí las ganas de ser. Perdí todo. No había motivo alguno por el cual me levantase de la cama. Mis días pasaban de ser gris a ser negro, y siempre en tonos para abajo. Jamás aclareaban. Jamás. Sentía que tenía que hacer algo, no podía seguir hundiéndome, viendo como mi vida se caía a pedazos sin poder levantarla. Hoy, que el cielo está un poco más iluminado a mi favor, que me tallaron un norte, que no dejo de estar perdida pero me encaminé, agradezco a quienes sostuvieron los pedazos que se me fueron cayendo mientras moría en vida. Agradezco a todas esas personas que se quedaron conmigo y me rearmaron, me pusieron de pie, me ayudaron a estar de nuevo en carrera. No sé que hubiese pasado conmigo si no me hubiese aferrado a esos pocos amigos que me quedaron, a mi familia, y a ese mínimo amor propio que me quedaba. Algo en mi inconsciente fue más fuerte, pego un grito, me desperto. Me estaba matando sin darme cuenta. Poco a poquito fuí perdiendome, perdiendo todo, aislandome. En algún momento me iba a quedar sola por completo, sin nada, no sé en que habría terminado.
Pero acá estoy, de pie, en carrera, con ganas de volver al ruedo. Queriendo ser, siendo, tratando de ser. Flaqueando a veces, levntandome y volviendo a buscar algo que me salve, que me motive, que me alumbre. Me siento en eje, ordenada, con una energía que me rodea en forma de circulo protector y que no me va a dejar caer. Siento y comprendo que todo en la vida pasa por algo, nada nos toca porque sí. Me tocaron batallas muy difíciles en el último tiempo, sí, fueron dos años llenos de malas energías y malos momentos. De caías eternas, de no poder levantarme. De sentir cmo todo se derrumbaba a mi alrededor y yo sin poder moverme, sin poder hacer nada. Pero todos nos pasa por algo y de todo tendremos que aprender. Tuve que perderlo todo para entender el verdadero valor de las cosas. Tuve que perderlo todo, para saber que lo importante está alrededor nuestro y muchas veces no lo vemos. Tuve que perderlo todo, para aprender que las personas no son eternas. Tuve que perderlo todo, para volver a recuperarlo con más fuerza y libertad.
Desde los comienzos de éste año hasta hace tan solo algunos días nadé en circulos con una corriente que no jugba a mi favor, si no que me llevaba para más adentro de las profundidades del óceano. Y con el viento en contra, mucho no tenía para hacer. Fueron meses de "nada", de la nada misma. Perdí todo lo que tenía, cuando quise darme cuenta estaba vacía. Vacía de verdad. Vacía, en todo sentido de la palabra. Esa palabra tan llena de contenido pero que significa NADA. Solo vacío.
Perdí a mis amigas, perdí mi pasión, perdí las ganas de ser. Perdí todo. No había motivo alguno por el cual me levantase de la cama. Mis días pasaban de ser gris a ser negro, y siempre en tonos para abajo. Jamás aclareaban. Jamás. Sentía que tenía que hacer algo, no podía seguir hundiéndome, viendo como mi vida se caía a pedazos sin poder levantarla. Hoy, que el cielo está un poco más iluminado a mi favor, que me tallaron un norte, que no dejo de estar perdida pero me encaminé, agradezco a quienes sostuvieron los pedazos que se me fueron cayendo mientras moría en vida. Agradezco a todas esas personas que se quedaron conmigo y me rearmaron, me pusieron de pie, me ayudaron a estar de nuevo en carrera. No sé que hubiese pasado conmigo si no me hubiese aferrado a esos pocos amigos que me quedaron, a mi familia, y a ese mínimo amor propio que me quedaba. Algo en mi inconsciente fue más fuerte, pego un grito, me desperto. Me estaba matando sin darme cuenta. Poco a poquito fuí perdiendome, perdiendo todo, aislandome. En algún momento me iba a quedar sola por completo, sin nada, no sé en que habría terminado.
Pero acá estoy, de pie, en carrera, con ganas de volver al ruedo. Queriendo ser, siendo, tratando de ser. Flaqueando a veces, levntandome y volviendo a buscar algo que me salve, que me motive, que me alumbre. Me siento en eje, ordenada, con una energía que me rodea en forma de circulo protector y que no me va a dejar caer. Siento y comprendo que todo en la vida pasa por algo, nada nos toca porque sí. Me tocaron batallas muy difíciles en el último tiempo, sí, fueron dos años llenos de malas energías y malos momentos. De caías eternas, de no poder levantarme. De sentir cmo todo se derrumbaba a mi alrededor y yo sin poder moverme, sin poder hacer nada. Pero todos nos pasa por algo y de todo tendremos que aprender. Tuve que perderlo todo para entender el verdadero valor de las cosas. Tuve que perderlo todo, para saber que lo importante está alrededor nuestro y muchas veces no lo vemos. Tuve que perderlo todo, para aprender que las personas no son eternas. Tuve que perderlo todo, para volver a recuperarlo con más fuerza y libertad.
sábado, 21 de febrero de 2015
No existe esa persona salvadora.
Todo se derrumba ante mis pies. No puedo ver más allá de la neblina que me rodea, de los escombros, del polvo a mi alrededor. No sé armar una base para volver a construir, no me sale, el piso está echo de arena movediza, todo se hunde, se cae, se muere.
Intento ver con mis ojos más allá, vislumbrar aquel momento de gloria, el último momento en el que sentí el corazón latir a una velocidad anormal, aquel momento en el que creí que la felicidad existía o tal vez aquel simple momento en el que exclamé ¡Estoy bien!, pero no lo encuentro.
Hace tiempo que no está, ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que me salió bien algo.
Ya no puedo dar ni un solo paso más arrastrando ésta cruz. El cuerpo me pesa, los pies me tiemblan cada vez que los levanto del suelo para avanzar y me caigo. Tardo en levantarme, intentando ésta vez llegar un poco más lejos, resistir más, pero vuelvo a caer. Así, reiteradas veces.
Llega el momento en el que intento levantarme y mis brazos ya no responden a la orden, las palabras no llegan a mi cerebro, las lagrimas no parecen detenerse, las piernas están estáticas, quedé en el suelo.
¿Como se sigue? ¿Que hay después de esto? no estoy preparada para ningún golpe más. Perdí y pierdo todo lo que tengo, a todos los que quiero. Haciendo las cosas mal la gente se cansa y se aleja. Esta bien. No pueden caminar al mismo paso que yo, voy muy lento, es duro el camino, agotador, pesado, difícil de soportar. No puedo pertenecer a ningún grupo de amigos porque no puedo ser normal, no puedo encontrar las respuestas a lo que me pasa, no puedo dar más, no tengo más para dar.
Intento hacer todo de la mejor manera posible, seguir las instrucciones, dar los pasos correctos y siempre saco la carta que me devuelve al comienzo de la partida. Y tengo que volver a empezar.
Lidiando todos los días con mis limitaciones y las limitaciones de la vida que me rodea, de la gente que me rodea. Lidiando con la tristeza, el dolor, la angustia, la soledad, el no pertenecer, el estar perdido, desorientado, aturdido. Siento como adentro mío hay miles de "yo" queriendo salir, y yo solo me quedo estática, inmóvil, quieta. No sé para donde salir corriendo. Y puedo sentir como en momentos de mucho dolor la sangre se me congela, el pecho se me hiela, el aire empieza a llegar cada vez con más dificultad. Es así como siento que me muero, que me desestabilizo, que me ahogo ante el problema. No existe esa persona salvadora, no hay salvación, no hay nada en realidad. Salvarme de lo que me convertí, salvarme de la cruz que me fue impuesta, salvarme de caer en un pozo del que ya no pueda salir. Necesito una mano, y estoy tan lejos de eso.Tengo los ojos irritados de tanto llorar y los brazos me pesa, todo el cuerpo me pesa. Solo quiero dormir. Dormir y no despertar. Dormir y elegir otra realidad. Y no volver.
lunes, 9 de febrero de 2015
me aterra el comienzo, me duele el adios
Me siento estática, inmóvil, temiendo dar un paso en falso y por eso, no camino. No sé bien para donde ir, qué hacer, como comenzar. Siento que la solución es tan fácil y esta lejos del alcance de mi mano, no llego, no puedo. Siento que yo sola me enrosco quedándome en el "porque" de todo, cuando la respuesta siempre esta en el accionar y no en el pensar. Pero la realidad es que no se como comenzar, para donde ir, por donde arrancar....hay tanto que hacer y siento que el tiempo se me excurre de las manos, que cada vez es menos y mas lejos el tiempo que paso alejándome de mi sueño. No sé sin es porque soy pisciana y es una tendencia natural, pero me siento como pez en el agua cuando estoy lejos de lo que amo. Puedo sentir como me muero, como me marchito. Como si me faltara el aire. Y no logro evitar que el temor se apodere de mi y entonces tengo ganas de salir corriendo, gritarle al mundo que no puedo, no sirvo, no hay tiempo e irme lejos donde nadie me exija, donde el tiempo no corra. Así como me aterran los comienzos, me duelen los finales. Y mas que nada, esos finales que todavía no finalizaron del todo, son los que no me dejan avanzar. Tengo que cerrar etapas y plantarme frente a la vida. De alguna forma, tengo que avanzar.
sábado, 10 de enero de 2015
Crisis.
El vecino escucha a todo volumen "No se puede vivir del amor" mientras yo lloro en la terraza de mi casa bajo un cielo nublado con probabilidades de lluvia. El vecino sigue escuchando música, yo sigo llorando. Vamos a la par.
Parece que todavía no aprendo a lidiar con estos arranques que me invaden el cuerpo sin avisar ni preguntar si quiero, si puedo o si estoy preparada. Todavía no sé como controlar esos ataques de ahogo, esa falta de aire, el sentir que todo a mi alrededor me ahoga, me contamina, me asfixia y me lastima.
No sé como reaccionar, no sé como manejarlo. De repente llegan y necesito dejar todo e irme, sola, a un lugar con aire, que me de paz y me tranquilice. Llorar hasta que duela, vaciar el alma hasta tener completamente la sensación de vacío, de que ya no hay más nada, de que por más que hagas fuerzas ya no queda, tenes espacio para respirar. Poner la mente en blanco, conectarse, desarmarme para luego rearmarme, débil, pero armada y volver a vivir, o a fingir estarlo. Seguir fingiendo que estoy bien, que nada me va a afectar, ni a lastimar, que voy a sonreír pase lo que pase y que siempre voy a seguir adelante. Pero entiendo que eso es una mentira, que a veces me destruyo, que no puedo explicar por qué pero es como si una parte de mi, cada tanto, necesitara de estos ahogos para correr y gritarle al mundo que no estoy bien, que necesito paz, que de alguna forma tengo que sacar y transformar todo lo que me pasa, esta tristeza que me carcome, esta duda de no saber para donde ir, la incertidumbre del futuro, la pesadez de mi presente, la soledad, por sobre todas las cosas, la soledad.
Y como No se puede vivir del amor y tampoco se puede vivir sin amor, me encuentro en medio de un bahído nublado, amplio, solitario, con ecos que repiten todas mis preguntas, mis dudas, mis certezas,todo. Entonces me pierdo, me encierro en mi misma, me sofoco, a veces tan solo es "la gota que rebalsó el vaso" porque el vaso no da más, porque el vaso en algún momento se tiene que llenar y cuando esto ocurre rebalsa. Y si rebalsa, se vacía. Y si no se cuida, vuelve a llenarse. Es así, un círculo, un ciclo sin fin al que estoy acostumbrada.
Parece que todavía no aprendo a lidiar con estos arranques que me invaden el cuerpo sin avisar ni preguntar si quiero, si puedo o si estoy preparada. Todavía no sé como controlar esos ataques de ahogo, esa falta de aire, el sentir que todo a mi alrededor me ahoga, me contamina, me asfixia y me lastima.
No sé como reaccionar, no sé como manejarlo. De repente llegan y necesito dejar todo e irme, sola, a un lugar con aire, que me de paz y me tranquilice. Llorar hasta que duela, vaciar el alma hasta tener completamente la sensación de vacío, de que ya no hay más nada, de que por más que hagas fuerzas ya no queda, tenes espacio para respirar. Poner la mente en blanco, conectarse, desarmarme para luego rearmarme, débil, pero armada y volver a vivir, o a fingir estarlo. Seguir fingiendo que estoy bien, que nada me va a afectar, ni a lastimar, que voy a sonreír pase lo que pase y que siempre voy a seguir adelante. Pero entiendo que eso es una mentira, que a veces me destruyo, que no puedo explicar por qué pero es como si una parte de mi, cada tanto, necesitara de estos ahogos para correr y gritarle al mundo que no estoy bien, que necesito paz, que de alguna forma tengo que sacar y transformar todo lo que me pasa, esta tristeza que me carcome, esta duda de no saber para donde ir, la incertidumbre del futuro, la pesadez de mi presente, la soledad, por sobre todas las cosas, la soledad.
Y como No se puede vivir del amor y tampoco se puede vivir sin amor, me encuentro en medio de un bahído nublado, amplio, solitario, con ecos que repiten todas mis preguntas, mis dudas, mis certezas,todo. Entonces me pierdo, me encierro en mi misma, me sofoco, a veces tan solo es "la gota que rebalsó el vaso" porque el vaso no da más, porque el vaso en algún momento se tiene que llenar y cuando esto ocurre rebalsa. Y si rebalsa, se vacía. Y si no se cuida, vuelve a llenarse. Es así, un círculo, un ciclo sin fin al que estoy acostumbrada.
viernes, 9 de enero de 2015
"Yo sobrevivía sin el, y el era feliz sin mi"
Pasa el tiempo y me seguís gustando. Y la verdad es que sinceramente no sé como sucede, no entiendo que lo mantiene vivo, quién lo mantiene vivo. Pero el deseo de verte, de encontrarte, de poder darte ese abrazo tan ansiado, sigue intacto y más vivo que nunca. No paro de hablar de vos, no paro de pensarte, de quererte, de escribirte (sobre todo)
Supongo que todos tenemos que aprender de algo y yo tendré que seguir aprendiendo de esto que nunca existió y que no va a existir pero que sin embargo está, por lo menos en mi.
Vos no estás, vos no me pensas, no me escribís, no buscas encontrarme, vos estás bien. Pudiste, podes. ¿Porque me aferro a las cosas que me hicieron bien? ¿Porque no puedo SOLTAR?
Creo, igualmente, que uno no olvida. Supera, si, pero no olvida. Siempre te quise y siempre te voy a querer. Porque no puedo ir en contra de mi naturaleza.
Amo verte y saberte feliz, sin embargo admito que me duele un poco saberme estancada en un pasado sin poder avanzar, sin poder abrir los ojos para otra sombra. Porque no puedo quitarte los ojos de encima, te pertenecen, son tuyos. Y no puedo mirar otro paisaje que no seas vos, te juro que lo intento y lo hago, pero en el fondo siempre terminas aflorando. No sé a que quiero llegar con todo esto, supongo que me sirve por lo menos a mí, sacarlo de adentro, expresarlo, alejarlo. Supongo que con esto no pretendo que me hables, ni vuelvas, ni te enamores de mi. No va a pasar, lo sé. Tendré que seguir viviendo, fingiendo que ya no me importa, que estoy bien, que seguí con mi vida. Tendré que vivir con la esperanza de poder algún día, abrír mis ojos para otro ser humano que no tenga tus ojos, tu cara, tu boca, tu todo. Supongo que tendré que amoldarme, porque las personas como yo nos amoldamos a todo. Y como sé que nunca vas a leer esto, puedo escribirte una vez más que: Tengo ganas de verte.
Pasa el tiempo y me seguís gustando. Y la verdad es que sinceramente no sé como sucede, no entiendo que lo mantiene vivo, quién lo mantiene vivo. Pero el deseo de verte, de encontrarte, de poder darte ese abrazo tan ansiado, sigue intacto y más vivo que nunca. No paro de hablar de vos, no paro de pensarte, de quererte, de escribirte (sobre todo)
Supongo que todos tenemos que aprender de algo y yo tendré que seguir aprendiendo de esto que nunca existió y que no va a existir pero que sin embargo está, por lo menos en mi.
Vos no estás, vos no me pensas, no me escribís, no buscas encontrarme, vos estás bien. Pudiste, podes. ¿Porque me aferro a las cosas que me hicieron bien? ¿Porque no puedo SOLTAR?
Creo, igualmente, que uno no olvida. Supera, si, pero no olvida. Siempre te quise y siempre te voy a querer. Porque no puedo ir en contra de mi naturaleza.
Amo verte y saberte feliz, sin embargo admito que me duele un poco saberme estancada en un pasado sin poder avanzar, sin poder abrir los ojos para otra sombra. Porque no puedo quitarte los ojos de encima, te pertenecen, son tuyos. Y no puedo mirar otro paisaje que no seas vos, te juro que lo intento y lo hago, pero en el fondo siempre terminas aflorando. No sé a que quiero llegar con todo esto, supongo que me sirve por lo menos a mí, sacarlo de adentro, expresarlo, alejarlo. Supongo que con esto no pretendo que me hables, ni vuelvas, ni te enamores de mi. No va a pasar, lo sé. Tendré que seguir viviendo, fingiendo que ya no me importa, que estoy bien, que seguí con mi vida. Tendré que vivir con la esperanza de poder algún día, abrír mis ojos para otro ser humano que no tenga tus ojos, tu cara, tu boca, tu todo. Supongo que tendré que amoldarme, porque las personas como yo nos amoldamos a todo. Y como sé que nunca vas a leer esto, puedo escribirte una vez más que: Tengo ganas de verte.
domingo, 4 de enero de 2015
Sigo acá, sentada escribiendo sobre vos, porque seguís siendo el tema exclusivo de mis versos. Porque no sé donde buscar, si no es en vos. Porque sigo a la espera de algo que no llega, y no va a llegar.
Sigo esperando porque todavía tengo la esperanza de que en algún momento, cuando te desenamores de quién estas enamorado, sepas que acá sigo estando para vos, que siempre estuve.
Es el mal humor por no encontrarte, las ganas INTACTAS de buscarte.
Saber que no puedo tenerte,que si te busco te encuentro, que no estás, que no existo en tu alma, duele. Pero la esperanza de cambiar por y para vos, de ser esa persona a quién buscar, de poder seguir regalándote magia, de que vuelvas a ver en mi vaya a saber qué cosa...
Porque todo se reduce a la última persona en la que piensas por las noches, ahí esta tu corazón-.
Sigo esperando porque todavía tengo la esperanza de que en algún momento, cuando te desenamores de quién estas enamorado, sepas que acá sigo estando para vos, que siempre estuve.
Es el mal humor por no encontrarte, las ganas INTACTAS de buscarte.
Saber que no puedo tenerte,que si te busco te encuentro, que no estás, que no existo en tu alma, duele. Pero la esperanza de cambiar por y para vos, de ser esa persona a quién buscar, de poder seguir regalándote magia, de que vuelvas a ver en mi vaya a saber qué cosa...
Porque todo se reduce a la última persona en la que piensas por las noches, ahí esta tu corazón-.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)