Un alma que busca expresarse.






jueves, 7 de enero de 2016

Tengo miedo. Tengo miedo de estar creándome una película que en la vida real no tiene lugar ni forma. Confundo todo: sentimientos, palabras, momentos, intenciones, sonrisas. Especialmente sonrisas. Pero él se me acerca y yo me muero. El se me acerca y yo no respiro. El se me acerca y yo tengo que controlar el color rojo que me nacen de las mejillas y el nudo en el estomago que se me forma de los nervios. Y no sé si esto tendrá lugar en la realidad, objetivamente no creo que unos ojos tan hermosos logren fijarse en mi. Pero no quiero perder las esperanzas ni bajar la guardia, porque es tanto lo que deseo besarlo, que no tengo ganas de rendirme hasta averiguar más sobre él, sobre su vida, sus gustos...
Y es tan hermoso. Que no puedo no quedarme mirándolo fijo durante varios segundos sin ser obvia. Sonríe y yo ya estoy en primera fila para ver ese resplandor que nace de su sonrisa. Y él, es todo lo que en este momento me interesa que estoy dispuesta hasta a vender mi alma por un segundo en sus brazos.

martes, 5 de enero de 2016

Me pareció oír que nombrabas mi nombre. Me pareció no, en realidad lo hiciste. Lo hiciste y fue tan mágico que no pude hacer más que quedarme durante unos segundos mirándote a los ojos, como mira comer a su dueño un perro fiel con la esperanza de que le lance un hueso. Entonces, sí, me miraste a los ojos y nombraste mi nombre. Y sonó tan dulce, que quisiera ponermelo como tono de despertador. Entonces sí, me miraste, me hablaste, me tocaste, me buscaste. Entonces sí, volviste a recagarme todas las esperanzas que estaban agotándose. No me dejes sola. No me dejes sola porque mi imaginación vuela. No me dejes sola porque entonces necesito buscarte y verte en acción, y verte brillar, y sonreír porque me gusta mucho tu luz.
Te observo desde lejos porque debería estar haciendo otras cosas pero estoy mirándote sin que nadie se de cuenta, ni siquiera vos. No puedo aguantarme las ganas y bajo las escaleras con cualquier excusa tonta como para pasarte por al lado, sonreírte, y que te sigas acordando de mi existencia. De mi nombre. De aquel que hasta hace unos minutos atrás habías mencionado, para mi sorpresa.
Y no puedo disimular que por dentro me quema todo cuando te paras a mi lado, que me sonrojo como una adolescente, que me muero por saber todo de vos. Y cuando me refiero a "todo" incluyo tus miserias, tus sueños, tus gustos y lo que no te gusta tanto.
Es tu risa que desarma todas mis tropas.

martes, 29 de diciembre de 2015

Él apareció un día cualquiera para hacerla reír. Reír como hace mucho no reía. Reír de una manera especial. Y sabemos que es especial porque nos quedamos recordando aquella risa muchos minutos después. Dos, tres palabras alcanzaron para que ella se llenase de ilusiones aquella alma que tan vacía y poco regada de amor estaba. No era el estereotipo de hombre que ella miraría caminando por la calle, no. Pero tenía una mirada...de aquellas miradas dulces que penetran hasta el fondo y te hacen sonrojar las mejillas cual adolescente inexperta.
Se miraron. Ella amaba cuando el la miraba fijamente al hablar. No podría describir siquiera el momento en el que comenzó a darse cuenta que su estomago se anudaba cada vez que éste le hablaba y que aquella sensación le producía una explosión instantánea de emociones.
Desde esos días y hasta entonces, no dejó de pensarlo ni un solo segundo. No le importaba cómo, ni cuando, quería verlo. Quería saber más de él. Quería seguir compartiendo sus tardes, sus noches, con aquella mirada penetrablemente dulce que había encontrado, casi mágicamente.   Porque quizás nunca hubiera posado los ojos en él si éste no la hubiera echo sonreír de la manera en que lo hizo.

Pasaba las horas imaginando un mundo ideal en el que él y ella caminaban juntos por el parque, mirándose a los ojos, tomados de la mano siendo observados por todo el mundo externo que admiraba aquella magia que habían conseguido. Estaba floreciendo algo y nadie sabía en donde iba a terminar aquella flor. Quizás se marchita rápido, quizás es regada y llenada de vida. Quizás...solo quiera que la besen.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Ya van más de cien años de soledad

La infinita sensación de soledad que se apodera de mi alma cuando el atardecer comienza a apoderarse de todo el cielo azul. El sol se esconde, la luna aparece, y a mi lado sigue sin haber nadie. Nadie cuando me acuesto, nadie cuando me levanto. Es como si la vida fuera una película y yo soy un extra, que pasa detrás del decorado. Observando, mirando, pero no habla, no es parte, no tiene un objetivo en esta vida. Así me siento cada vez que veo florecer el amor en las callecitas de Buenos Aires, cuando noto que éste acompaña la vida de todos menos la mía. Cuando me siento en el banco de una plaza, prendo un cigarrillo y al lado mío no se sienta nadie para darme besos. Entonces observo, mientras el cigarrillo se consume, observo a las parejas enamoradas que entre beso y beso largar una sonrisa con un destello especial, una luz encandiladora. No sé qué es, no sé que se siente tener esa luz. No sé que es amar y ser amada, de igual a igual. Ni más, ni menos, igual. Cuando intento volver de esa imagen me doy cuenta que mi cigarrillo se consumió, que estoy sola, que es de noche, que me siento triste, y entonces soy yo con mi cuaderno. Me pregunto cuando será el día en que la suerte me toque a mi también, en el que por fin en mi vida florezca esa flor que todos llaman amor. Me pregunto cuando será el día en el que, al despertar, me sienta un poco menos sola. Me lo pregunto retoricamente, en realidad no quiero saberlo.

martes, 6 de octubre de 2015

La vida es el Teatro

Siento que me estoy ahogando. Cada día que pasa me veo más lejos del arte y más cerca de todo lo que veo en otras personas y no quiero ser. Buscando no sé que cosa para tener no sé que futuro porque no sé quién lo escribió así. Necesito del Teatro. Toda mi vida estuve cerca, toda mi vida me rodee de ese mundo tan encantador y libre del que amo rodearme y del que siento que soy parte y este año que estuve lejos, no solo reafirme lo muy importante que es en mi vida si no también, que es toda mi esencia. Porque me hace ser quién soy y quién quiero ser. No existe vida lejos del Teatro. No existe para mi. No me llena eso que le llena a todo el mundo: una vida normal, un trabajo normal, salir con tus amigas, volver a tu casa. Yo necesito más, mucho más. Yo necesito un espacio en el cual expresarme, donde sentirme libre, donde ser feliz. Yo necesito redescubrirme todo el tiempo, porque entendí que es la única manera de sentirme bien conmigo misma. Yo necesito sentir que corre sangre por mis venas, que estoy viva, que respiro, que por algo estoy en este mundo. Yo necesito sentir que me elevo, que vuelvo sobre todas aquellas cabezas que viven como raíces aferradas a la tierra. Yo no. A mí me gusta el cielo, a mí me gusta esa sensación de volar sobre todos. Esa sensación de elevación. Ese corazón palpitando a dos mil por horas. A mí me gusta esa adrenalina que explota dentro tuyo en la primer palabra que decís. A mí me gusta la incertidumbre de no saber. A mí me gusta sentirme en mi estanque, y no un pez fuera del agua. A mí me gusta ser. Ser en mi totalidad. Descubrir un millón de otros yo que viven dentro mío y que están ahí latente, esperando salir y tener su oportunidad. A mí me gusta el Teatro y me gusta esa manera de vivir. Porque esa manera es la que elegí, porque esa es la única manera que conozco y porque esa es la única manera que quiero para mi.

domingo, 13 de septiembre de 2015

último, y esta vez en enserio.

Ésta es la última vez que te escribo, o más bien que escribo sobre vos. No sé si por un bien, o por casualidad, alguien tuvo el valor de hacer lo que hace mucho tiempo yo tendría que haber echo. Si fuiste vos, aunque no entienda por qué, me liberaste. Hoy duele. Más bien duele el no entender. Pero a la vez cortaron con todo este "sufrimiento adicional" al que me había acostumbrado desde hace rato y al que me había encadenado yo misma, sintiendome así un poco menos sola. Hoy entendí que la soledad no es algo malo si se aprende a convivir con ella, o más bien si se saca propósito de ella. En realidad todavía no lo aprendí, es muy reciente como para aprender algo. Pero eso dicen los autores que leo y las canciones que escucho, y les creo.
Supongo que no saber más de vos va a ser un poco aliviador dado a que lo que me venía enterando simplemente colaboraba un poco más a mi "no soltar" y a mi cabeza un poco retorcida.
Supongo que no todo tiene un final y que los finales abiertos no significan que alguna vez vayan a cerrarse. Quizás nunca se cierren. Y no me pregunten por qué, por que supongo que no todo lo tiene. Simplemente no se cierran y ya. Aunque a mi me cuesta conformarme con esa respuesta, porque siempre necesito tener el control de todo, y saber todo, y que todo cuadre perfectamente en la historia que cree. Pero me adapto, o me obligan a adaptarme. Y en parte lo entiendo, es un poco enfermizo que yo siga con este juego, que no me hace bien y que aburre, cansa, y hasta aleja a las personas que me rodean. Un juego que asfixia, que no me libera en mi totalidad, y que me prohíbe escribir nuevas historias. Y ya saben que yo no puedo estar sin escribir.
No es un cambio que afecte a mi vida cotidiana pero si a mi cabeza y su forma entender el mundo. Pero está bien, lo acepto. Acepto que me ganaron esta jugada. No sé a quién agradecerle o a quién reprocharle. No sé si existe ese alguien en realidad, o es una jugada maestra de un destino siniestro (o esperanzador). Cómo sea, perdí la partida. O tal vez, a la larga, la haya ganado. Nunca se sabe bien. Es imposible predecir algo en mi vida. Me siento libre, supongo. Sin entender mucho pero libre así. Porque todos nos merecemos encontrar un sol que aleje las malas tormentas. Porque ya no tenía de qué nutrirme, no había crecimiento si seguía allí. Debo estar anunciando un nuevo por venir, por fin. Creo que ahora sí no me queda más remedio que salir a vivir, aquí y ahora. No existe ni existió. Ni vos ni yo. Menos vos que yo.
Hay que dejar pasar lo que se viene, y dejar ir lo que se va.

Final casi inexistente. Abrupto. Como tu huida. Como lo nuestro. Como lo mío, en realidad.

Esto no está bien. Qué está pasando, no entiendo. Por favor que alguien venga a explicarme o llamen a una ambulancia antes de que empiece a dejar de respirar. ¿Es real lo que mis ojos están viendo?
¿Me eliminó? ¿por qué? ¿cómo? ¿cúando? ¿dónde? ¿qué?
No entiendo, de verdad fue un shock que no estaba preparada para afrontar.
Se me hacía costumbre entrar religiosamente todos los días, o casi todos porque a veces tenía miedo de que por alguna mala jugada del destino (y yo soy de esas que las tienen bastante seguido) te enteraras de mi obsesión por entrar a tu perfil y reducí la cantidad de veces.
O él me eliminó. O alguien lo eliminó por mí. O alguien me eliminó por él. De ser así, la primera y última opción, ¿PORQUÉ? y de ser la segunda, tampoco entiendo. Justifico un poco más si, pero no, tampoco.
¿Qué es lo que está pasando? que alguien me explique porque estoy a punto de largarme a llorar. Estoy sintiendo que se va lo último, que me sacan lo último que me quedaba: saber de él. Estoy sintiendo que este es el final, que por fin llegó. Que ya no existe ese "quiero saber como está" porque no voy a poder más saberlo. Porque ya no voy a poder verlo, ni leerlo, ni saber de su existiencia. Ni él de la mía aunque seguramente durante todos estos años jamás se acordó. Entonces ¿por qué? si yo no lo perjudicaba en nada.
Me desespera la situación de no poder tener el control sobre esto. Justo yo, que necesito tener el control sobre todo lo que hacen y piensen las personas y más con respecto a mí.
Digo, si fue él, ¿por qué? se que no paro de preguntarlo pero es por qué no me sale otra cosa más que preguntarmelo, llorar, temblar y volver a preguntarlo. ¿Porque ahora? ¿por qué a mí? ¿con que finalidad? acá hay algo que no me cierra, que me da escalofríos, que va más allá de todo y de todos, que sobrepasa los límites de mi cabeza y mi razonamiento. ¿Así de un día para el otro? de repente me encuentro con esto? tiemblo mientras tengo ganas de hundirme en una crisis de llanto indefinido. Está bien, destino, ganaste. Ya no me queda nada de lo que fue. No puedo siquiera saber de su vida, o saberlo feliz. Mágicamente, quedé eliminada de su vida. Y nunca voy a saber de quién fue la obra maestra. Y nunca voy a tener el valor suficiente para volver a aparecer. Y nunca nada, todo termina en nada y este parece ser el final de ese todo. Entonces no tengo más que decir, simplemente me quedo con ésta sensación que es la de no saber, la de no entender. Básicamente la sensación que tuve todos estos años con respecto a vos y a mí, y a esto que nunca existió y aparentemente(y obviamente) nunca va a existir. Solo en mi cabeza, donde fue real, y en donde esta noche va a haber un asesinato masivo de recuerdos que excluyan tu nombre y mi sonrisa, tus manos y las mías, mi amor y tu no saber de mí.