Soñaba con la idea de volverlo a ver, de volverlo a tocar, a sentir, a tomarle la mano. Soñaba con la idea de que el destino, ese supuesto destino que los había unido, iba a volver a juntarlos. Si la dejaban un rato sola, creía que la vida da mil vueltas pero que siempre termina en el mismo lugar. Y ese lugar era él. No había noche en que ella no quisiera que él esté al lado suyo en la cama, abrazándola, besandola, haciendole el amor, despertandola por las mañanas. Siendo feliz.
Pero la realidad golpeaba a su puerta, más bien le tiraba la puerta abajo. Él iba a formar una familia. Aquel amor de su adolescencia, aquel que le daba la mano y ese era el amor más puro del mundo, aquel que le dijo "no me olvides" en aquella esquina. Aquella promesa que la encadenó para toda la vida a un alma que ya no le pertenece. Que nunca le perteneció. Aquel amor, iba a ser padre. Tenía su familia, su mujer, su vida echa. No exista tal posible unión entre esas dos almas, y aunque doliera, había que aceptarlo.
Sus ojos se llenaban de lagrimas cada vez que veía sus fotos. Se preguntaba como estaba, qué sentía, que le pasaba, cuales eran sus nuevas pasiones, si tenía algun problema, si necesitaba que le saque una sonrísa. Necesitaba saber de él, saber qué es de su vida, que le gusta, que prefiere. Si le gusta el café o el mate, o ninguna de las dos cosas. Necesitaba saberlo cerca, no aguntaba que aquel amor, al que le dedicaba sus cuadernos repletos de poesías, se había convertido en un completo desconocido.
La ley de causa y efecto estaba aplicandose justo sobre mí. Porque "ella" soy yo. Y "el" es el amor de mi vida hasta ahora y desde siempre. Sí, la ley de causa y efecto. El karma. A quién amé pero no supe ver hoy no me ve a mí. Y el volvió y yo lo eche. Y volvió y lo eche. Y hoy vuelvo yo pero ya no está. Está lejos, muy lejos, nos separa un bebé.
No existe posibilidades de reencuentro, de historia de amor, de pasión, de abrazos, de nada. No existió nunca y no va a existir. Mientras yo veo que hacer con mi vida el tiene que salir a trabajar para mantener a su familia. No es un "romance más", no lo va a dejar.
Se lo ve feliz en las fotos. ¿Como lo sé? porque tiene la sonrísa más hermosa del universo. Y yo conozco muy bien esa sonrisa. Era yo quién se las sacaba en un momento. Me dedicó muchas, por suerte, las atesoro todas. Y recuerdo bien cuando su sonrísa es verdadera. Y ahora lo es. Realmente la ama, realmente ama a su familia. No creo que se acuerde de mí, abré pasado a ser un recuerdo gris entre tantos que debe tener en la cabeza. O peor, ni siquiera lo debe tener en la cabeza, me abra borrado de todo archivo mental, de todo recuerdo guardado en el consciente. Y así estamos, separados por un avismo. Atada a la promesa de nunca olvidarlo, siéndole fiel, confiando en que tanto amor no puede desaparecer, en que en algún momento de la vida nos vamos a volver a ver las caras. Sí, yo sigo trabajando para él. Trato de todos los días ser la mejor mujer que puedo ser, para el día en que nos veamos no quiera dejarme más. A veces caigo un par de metros en el pozo que estoy escalando, pero vuelvo a retomar la subida. Quiero ser quién el se merece, y lo pongo como excusa porque él me hace ser mejor. Si no fuera por él, no tendria la fuerza sufriente para intentar ser mejor. Cierro los ojos, me tapo hasta los ojos, me acurruco en la cama y lo pienso. Y deseo, desde el fondo de mi corazón que sea feliz, que tenga la mejor vida que pueda tener, que no pierda nunca esa sonrísa. Pero imagino que está conmigo abrazandome, que se vuelve loco por darme un beso, que me ama, que me quiere, que me busca, que todo. Dos realidades opuestas entre la que vivo y la que me gustaría vivir. Una me incita a ser mejor, la otra me devuelve la paz que tanto necesito para enfrentar la primera. Así vivo, entre el sueño y la realidad. La locura y cordura. La madurez de tener que aceptar que no hay tal reencuentro y el corazón que no para de desear.
Un alma que busca expresarse.
martes, 14 de julio de 2015
Ultimos meses de ausencia.
Añares que no escribo, casi que no me acordaba la contraseña. Quizás, porque no tenía nada que contar. Quizás, porque inconscientemente, tenía mucho que decír. Tanto que no sé por donde empezar.
Desde los comienzos de éste año hasta hace tan solo algunos días nadé en circulos con una corriente que no jugba a mi favor, si no que me llevaba para más adentro de las profundidades del óceano. Y con el viento en contra, mucho no tenía para hacer. Fueron meses de "nada", de la nada misma. Perdí todo lo que tenía, cuando quise darme cuenta estaba vacía. Vacía de verdad. Vacía, en todo sentido de la palabra. Esa palabra tan llena de contenido pero que significa NADA. Solo vacío.
Perdí a mis amigas, perdí mi pasión, perdí las ganas de ser. Perdí todo. No había motivo alguno por el cual me levantase de la cama. Mis días pasaban de ser gris a ser negro, y siempre en tonos para abajo. Jamás aclareaban. Jamás. Sentía que tenía que hacer algo, no podía seguir hundiéndome, viendo como mi vida se caía a pedazos sin poder levantarla. Hoy, que el cielo está un poco más iluminado a mi favor, que me tallaron un norte, que no dejo de estar perdida pero me encaminé, agradezco a quienes sostuvieron los pedazos que se me fueron cayendo mientras moría en vida. Agradezco a todas esas personas que se quedaron conmigo y me rearmaron, me pusieron de pie, me ayudaron a estar de nuevo en carrera. No sé que hubiese pasado conmigo si no me hubiese aferrado a esos pocos amigos que me quedaron, a mi familia, y a ese mínimo amor propio que me quedaba. Algo en mi inconsciente fue más fuerte, pego un grito, me desperto. Me estaba matando sin darme cuenta. Poco a poquito fuí perdiendome, perdiendo todo, aislandome. En algún momento me iba a quedar sola por completo, sin nada, no sé en que habría terminado.
Pero acá estoy, de pie, en carrera, con ganas de volver al ruedo. Queriendo ser, siendo, tratando de ser. Flaqueando a veces, levntandome y volviendo a buscar algo que me salve, que me motive, que me alumbre. Me siento en eje, ordenada, con una energía que me rodea en forma de circulo protector y que no me va a dejar caer. Siento y comprendo que todo en la vida pasa por algo, nada nos toca porque sí. Me tocaron batallas muy difíciles en el último tiempo, sí, fueron dos años llenos de malas energías y malos momentos. De caías eternas, de no poder levantarme. De sentir cmo todo se derrumbaba a mi alrededor y yo sin poder moverme, sin poder hacer nada. Pero todos nos pasa por algo y de todo tendremos que aprender. Tuve que perderlo todo para entender el verdadero valor de las cosas. Tuve que perderlo todo, para saber que lo importante está alrededor nuestro y muchas veces no lo vemos. Tuve que perderlo todo, para aprender que las personas no son eternas. Tuve que perderlo todo, para volver a recuperarlo con más fuerza y libertad.
Desde los comienzos de éste año hasta hace tan solo algunos días nadé en circulos con una corriente que no jugba a mi favor, si no que me llevaba para más adentro de las profundidades del óceano. Y con el viento en contra, mucho no tenía para hacer. Fueron meses de "nada", de la nada misma. Perdí todo lo que tenía, cuando quise darme cuenta estaba vacía. Vacía de verdad. Vacía, en todo sentido de la palabra. Esa palabra tan llena de contenido pero que significa NADA. Solo vacío.
Perdí a mis amigas, perdí mi pasión, perdí las ganas de ser. Perdí todo. No había motivo alguno por el cual me levantase de la cama. Mis días pasaban de ser gris a ser negro, y siempre en tonos para abajo. Jamás aclareaban. Jamás. Sentía que tenía que hacer algo, no podía seguir hundiéndome, viendo como mi vida se caía a pedazos sin poder levantarla. Hoy, que el cielo está un poco más iluminado a mi favor, que me tallaron un norte, que no dejo de estar perdida pero me encaminé, agradezco a quienes sostuvieron los pedazos que se me fueron cayendo mientras moría en vida. Agradezco a todas esas personas que se quedaron conmigo y me rearmaron, me pusieron de pie, me ayudaron a estar de nuevo en carrera. No sé que hubiese pasado conmigo si no me hubiese aferrado a esos pocos amigos que me quedaron, a mi familia, y a ese mínimo amor propio que me quedaba. Algo en mi inconsciente fue más fuerte, pego un grito, me desperto. Me estaba matando sin darme cuenta. Poco a poquito fuí perdiendome, perdiendo todo, aislandome. En algún momento me iba a quedar sola por completo, sin nada, no sé en que habría terminado.
Pero acá estoy, de pie, en carrera, con ganas de volver al ruedo. Queriendo ser, siendo, tratando de ser. Flaqueando a veces, levntandome y volviendo a buscar algo que me salve, que me motive, que me alumbre. Me siento en eje, ordenada, con una energía que me rodea en forma de circulo protector y que no me va a dejar caer. Siento y comprendo que todo en la vida pasa por algo, nada nos toca porque sí. Me tocaron batallas muy difíciles en el último tiempo, sí, fueron dos años llenos de malas energías y malos momentos. De caías eternas, de no poder levantarme. De sentir cmo todo se derrumbaba a mi alrededor y yo sin poder moverme, sin poder hacer nada. Pero todos nos pasa por algo y de todo tendremos que aprender. Tuve que perderlo todo para entender el verdadero valor de las cosas. Tuve que perderlo todo, para saber que lo importante está alrededor nuestro y muchas veces no lo vemos. Tuve que perderlo todo, para aprender que las personas no son eternas. Tuve que perderlo todo, para volver a recuperarlo con más fuerza y libertad.
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