Un alma que busca expresarse.






martes, 29 de diciembre de 2015

Él apareció un día cualquiera para hacerla reír. Reír como hace mucho no reía. Reír de una manera especial. Y sabemos que es especial porque nos quedamos recordando aquella risa muchos minutos después. Dos, tres palabras alcanzaron para que ella se llenase de ilusiones aquella alma que tan vacía y poco regada de amor estaba. No era el estereotipo de hombre que ella miraría caminando por la calle, no. Pero tenía una mirada...de aquellas miradas dulces que penetran hasta el fondo y te hacen sonrojar las mejillas cual adolescente inexperta.
Se miraron. Ella amaba cuando el la miraba fijamente al hablar. No podría describir siquiera el momento en el que comenzó a darse cuenta que su estomago se anudaba cada vez que éste le hablaba y que aquella sensación le producía una explosión instantánea de emociones.
Desde esos días y hasta entonces, no dejó de pensarlo ni un solo segundo. No le importaba cómo, ni cuando, quería verlo. Quería saber más de él. Quería seguir compartiendo sus tardes, sus noches, con aquella mirada penetrablemente dulce que había encontrado, casi mágicamente.   Porque quizás nunca hubiera posado los ojos en él si éste no la hubiera echo sonreír de la manera en que lo hizo.

Pasaba las horas imaginando un mundo ideal en el que él y ella caminaban juntos por el parque, mirándose a los ojos, tomados de la mano siendo observados por todo el mundo externo que admiraba aquella magia que habían conseguido. Estaba floreciendo algo y nadie sabía en donde iba a terminar aquella flor. Quizás se marchita rápido, quizás es regada y llenada de vida. Quizás...solo quiera que la besen.