Soy consciente de que sufro algo así como "depresión temporal". Mi vida se basa en picos, como si fuera una montaña. O estoy bien, o estoy mal. O estoy triste, o estoy feliz. No conozco el gris, no conozco el medio. Puedo ser la persona más feliz, completa, consciente, y positiva durante días, meses incluso y después, caigo en la nada misma. En un agujero emocional, espiritual, negro y vacío del que no puedo salir. Que me absorbe las ganas de ser, de estar, de respirar.
Pasas de tener ganas de cambiar al mundo a no tener ganas ni de levantarte de tu propia cama.
Hace dos semanas que no salgo de mi casa. Dos. Antes de esta dos semanas era una persona completamente diferente. Trabajaba, cada día veía a algún amigo distinto, salía a bailar, me enredaba en los brazos de alguien que me haga sentir viva durante la noche y al día siguiente volvía a levantarme con energías de ser quién yo quería ser. Sentía que, por fin, la vida se estaba abriendo ante mi. Que el universo por fin había escuchado mis plegarias, que por fin me llegaría todo lo positivo que había irradiado. Y sí, así fue. Pero esta sensación de plenitud y bienestar solo duró, aproximadamente, un mes. No voy a negar que me hubiese gustado sentirme así de bien por el resto de mi vida. Pero luego de eso, vino la nada misma. Un día me desperté y ya no tenía nada: ni trabajo, ni amigos, ni ganas de existir. Simplemente me dejé ser comida por la vida. Me digne a levantarme a las tres de la tarde, quedarme en pijama todo el día mirando alguna serie, bañarme, ponerme otro pijama y dormir. Y lo peor de todo, volví a matarme de la única forma en la que me duele morir. Amí no me duele fumarme un porro, una caja de cigarrillos o pastillas. Me duele comer. Y comí, comí a atracones durante dos semanas. Todo lo que podía, a cada hora. Sentía como si mi estomago fuera un tazón sin fondos. Y con cada bocado en mi cabeza existía la satisfacción de que estaba matándome, de que esa era mi forma de dañarme, de castigarme. Si, esa era la forma porque después de todo el esfuerzo durante ese mágico mes feliz por verme bien y estar camino a ser la mujer que siempre quise, comer era destruir todo el camino construido. Y lo estaba logrando. Y sí, después de casi siete meses me compré una caja de cigarrillos y me la fumé toda en una noche. Tomé más alcohol de lo que mi cuerpo aguanta pero este solo multiplico el sentimiento que en ese momento dominaba mi cuerpo: la violencia.
Así es mi vida, poco inestable. Casi nada, diría yo. Sufro de vacíos existenciales constantes, de felicidades engañosas, de dolor por mi propio abandono. Por saberme capaz de dañarme, por no poder hacer nada porque simplemente no me importa. No tengo el valor de salir ahí afuera, enfrentar otra vez la vida, rearmarme...¿para qué? ya lo hice y acá estoy, en el fondo del pozo de nuevo. Justo cuando pensaba que estaba llegando a la superficie, justo cuando había logrado ver la luz..
Yo soy el pozo. Me atrapo en mi misma y cuando veo que todo marcha sobre ruedas, inconscientemente (o consciente) lo destruyo. Genero en mi organismo un "no se qué" que detecta los momentos en los que bajo la guardia, cuando mi estabilidad emocional está vulnerable, para atacarme con mas fuerzas y absorberme toda la energía. Sinceramente, no sé cuantas veces más podré levantarme. Se me está agotando la fuerza de lidiar sola con todo esto. Porque no puedo hablar con nadie, no puedo expresarme. Por dentro tengo mi voces que gritan que por favor, me escuchen, que tengo algo para decir, que no entiendo qué es lo que me pasa ni como sobrellevarlo, que necesito terapia. Pero por fuera no puedo abrir la boca, simplemente me quedo mirándolos, observándolos, pensando como pueden ser tan idiotas de vivir tan desconectados de alguien que "según ellos" aman. Yo me doy cuenta del dolor de las personas, me basta con mirar a los ojos y abrir un poco mi cabeza, ¿por qué ellos no pueden darse cuenta del mío?. Soy un muro. Simplemente me tomo el tiempo de alejarme de todos y de cada uno. No es nada personal, no deberían tomarlo así. Pero si no pueden ayudarme, si no saben sacarme del estado vegetal en el que estoy, prefiero alejarme y salvarme sola. Como siempre desde que tengo uso de razón. Ir alejándome despacio y en silencio, sin que nadie se de cuenta. Poco a poco hasta despertar y no tener a nadie, y no poder hablar, y estar completamente hundida en mi interior, sola.
Tengo la necesidad de refugiarme en mí, en mi caparazón que es mi cuerpo. Quedarme en silencio mientras todos a mi alrededor hablan y conversar con mi propia cabeza (que necesita un descanso de tanto pensar), necesito tomarme tiempo para volver a confiar. Llorar en la ducha, llorar encerrada en el baño, llorar acostada mientras todos duermen. Llorar tres veces en un día, o más. Llorar hasta sacar toda la angustia que se acumula dentro de mi garganta. Ser una especie de piedra para todos los demás, que vive porque sí porque no le queda otra. Que se levanta a cualquier hora, come cualquier cosa, no estudia, no trabaja, no vive, no es. Sin embargo prefieren asumir que estoy bien, que es porque "soy vaga" o porque soy así. Me miran pero no me ven. No me conocen. No saben lo muerta que me siento por dentro a veces. Soy un ente en esta casa. Soy un ente en este mundo. No estoy ni de un lado, ni del otro. Nadie entiende, nadie puede darse cuenta, pero sola no puedo. Necesito un motivo que me haga sentir que vale la pena volver a comenzar. "Necesito tener garantías de que en algún momento voy a ser feliz con continuidad"