El vecino escucha a todo volumen "No se puede vivir del amor" mientras yo lloro en la terraza de mi casa bajo un cielo nublado con probabilidades de lluvia. El vecino sigue escuchando música, yo sigo llorando. Vamos a la par.
Parece que todavía no aprendo a lidiar con estos arranques que me invaden el cuerpo sin avisar ni preguntar si quiero, si puedo o si estoy preparada. Todavía no sé como controlar esos ataques de ahogo, esa falta de aire, el sentir que todo a mi alrededor me ahoga, me contamina, me asfixia y me lastima.
No sé como reaccionar, no sé como manejarlo. De repente llegan y necesito dejar todo e irme, sola, a un lugar con aire, que me de paz y me tranquilice. Llorar hasta que duela, vaciar el alma hasta tener completamente la sensación de vacío, de que ya no hay más nada, de que por más que hagas fuerzas ya no queda, tenes espacio para respirar. Poner la mente en blanco, conectarse, desarmarme para luego rearmarme, débil, pero armada y volver a vivir, o a fingir estarlo. Seguir fingiendo que estoy bien, que nada me va a afectar, ni a lastimar, que voy a sonreír pase lo que pase y que siempre voy a seguir adelante. Pero entiendo que eso es una mentira, que a veces me destruyo, que no puedo explicar por qué pero es como si una parte de mi, cada tanto, necesitara de estos ahogos para correr y gritarle al mundo que no estoy bien, que necesito paz, que de alguna forma tengo que sacar y transformar todo lo que me pasa, esta tristeza que me carcome, esta duda de no saber para donde ir, la incertidumbre del futuro, la pesadez de mi presente, la soledad, por sobre todas las cosas, la soledad.
Y como No se puede vivir del amor y tampoco se puede vivir sin amor, me encuentro en medio de un bahído nublado, amplio, solitario, con ecos que repiten todas mis preguntas, mis dudas, mis certezas,todo. Entonces me pierdo, me encierro en mi misma, me sofoco, a veces tan solo es "la gota que rebalsó el vaso" porque el vaso no da más, porque el vaso en algún momento se tiene que llenar y cuando esto ocurre rebalsa. Y si rebalsa, se vacía. Y si no se cuida, vuelve a llenarse. Es así, un círculo, un ciclo sin fin al que estoy acostumbrada.
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